Análisis: Guía de recomendaciones del SERGAS en Atención primaria de personas trans

Guía de recomendaciones del SERGAS en atención primaria de personas “trans”: de “recomendaciones” ideológicas a riesgos letales 

En abril de 2025 el Servizo Galego de Saúde (SERGAS) publicó la guía Recomendacións para a atención sanitaria na atención primaria das persoas trans. El documento, presentado como una herramienta de “sensibilización” y “mejora de la calidad asistencial”, no es un protocolo clínico vinculante. Sin embargo, su alcance real va mucho más allá de una simple orientación: introduce un marco ideológico anticientífico en la práctica diaria de la atención primaria, condicionando el criterio profesional del personal  sanitario, y aleccionando al resto de trabajadores no sanitarios (administration, trabajo social, equipo celador,…). 

Lo llamativo no es solo el contenido de la guía, sino el contexto en el que se aprueba y se aplica. Mientras el documento insiste en un lenguaje supuestamente prudente y despatologizador, en las mismas fechas el propio sistema público gallego anunciaba la apertura de un servicio quirúrgico para realizar cirugías de “cambio de sexo” en el Hospital Álvaro Cunqueiro, en Vigo, sumándose al pionero servicio de la Unidad de Género del Hospital Clínico de Santiago inaugurado en 2017. Una contradicción difícil de justificar desde la ética médica y la coherencia institucional.

Una guía de ámbito sanitario aprobada con injerencias del activismo gallego LGBTIQ+

Uno de los aspectos más problemáticos del documento es quién lo valida. La guía fue aprobada en el pleno del Observatorio LGTBIQ+, adscrito a la Consellería de Política Social e Igualdade, un órgano compuesto mayoritariamente por representantes institucionales, sindicatos y asociaciones de ideología queer, no por profesionales sanitarios independientes ni por sociedades médicas especializadas.

Esto supone un cambio profundo en la lógica de elaboración de documentos clínicos: en vez de basarse en la evidencia médica se hacen recomendaciones sanitarias diseñadas desde el movimiento transactivista con el beneplácito de los políticos que las introducen en la legislación. 

Aunque formalmente no sea de obligado cumplimiento en atención primaria, el personal médicos, de enfermería, administrativo, equipo celadores, etc., el fin último es que se sienta presionado a aplicar las recomendaciones, no por criterios clínicos, sino por miedo a sanciones, acusaciones de “transfobia” o conflictos laborales.

Lenguaje, coerción y abandono del criterio clínico

La guía insiste reiteradamente en el uso del nombre y género “sentido” del paciente, incluso cuando no coincide con la documentación oficial, y extiende esta exigencia a todo el personal del centro (sanitario o no).

Este enfoque traslada la atención de la evaluación clínica objetiva a la validación emocional, diluyendo conceptos básicos como el sexo, fundamental para el diagnóstico, el cribado y la prevención de enfermedades. En medicina, ignorar el sexo no es una cuestión de respeto: es una negligencia potencial.

Resulta especialmente preocupante que el documento haga las siguientes recomendaciones a la hora de elaborar el historial médico:

  • Minimizar la relevancia de comorbilidades graves (depresión, trauma, ideación suicida): A la vez que afirma la alta incidencia de estas en el perfil del paciente autodenominado trans, las desliga del diagnóstico. Y advirtiendo explícitamente que estos problemas no deben retrasar el acceso a tratamientos de “afirmación de género”.
  • Indagar si la persona es víctima de maltrato, pero disuade al personal sanitario de concluir que este sea el origen del malestar con su cuerpo, sino una consecuencia de su autodeterminación como “trans”. La relación entre ambos hechos la considera un mito anticientífico. 
  • Priorizar la identidad sentida del paciente por encima de las decisiones que deba tomar basadas en la evidencia científica. 
  • En los exámenes físicos, normalizar los daños causados por la medicación hormonal o por elementos represivos corporales. Los constata pero no se sugiere que dejen de llevarse a cabo por sus graves consecuencias para la salud: infertilidad, alteraciones hormonales graves, automutilación, heridas en pecho y genitales, legitimar la transfobia,… mientras que obvian otros efectos secundarios más graves y frecuentes (agrandamiento del clítoris, rigidez del suelo pélvico, etc.).

En otras palabras: se reconoce el daño pero se ignora, al recomendar continuar el tratamiento igualmente.

Terapias hormonales: los riesgos que sí aparecen… pero se relativizan

Paradójicamente, la parte más honesta del documento es la dedicada a la terapia hormonal cruzada. Esta comienza directamente con un intento de condicionar y de tachar de intolerante al personal estableciendo que es prejuicioso por su parte pensar que toda persona autoproclamada como trans está bajo medicación hormonal. Aquí es donde la hipocresía institucional se vuelve evidente.

A continuación se muestra una tabla con diferentes columnas de datos sobre formulación, dosificación, mecanismo de acción, y por último “precaución”, en un intento de quitarle peso a lo que médicamente son riesgos graves y bien conocidos:

  • Tromboembolismo
  • Eventos cardiovasculares
  • Hepatotoxicidad
  • Pérdida ósea que aumenta el riesgo de osteoporosis
  • Hiperpotasemia

Se trata, además, de medicación usada fuera de ficha técnica, algo que debería extremar la prudencia clínica. Sin embargo, toda esta información convive con una directriz clara: no cuestionar el autodiagnóstico ni priorizar la evaluación psicológica previa. Contrasta la voluntariedad del paciente a medicarse, con la obligación del personal sanitario a prescribirla.

Esta disonancia interna deja al descubierto el verdadero problema: El documento reconoce los riesgos médicos, pero subordina la medicina a un mandato ideológico.

No es hasta la mitad del documento donde encontramos apartados específicos de contraindicaciones, efectos adversos y necesidades de seguimiento clínico, detallando posibles efectos secundarios tan graves como por ejemplo:

  • Cáncer de mama o útero
  • Atrofia y cáncer de próstata
  • Diabetes 
  • Infertilidad
  • Hemorragia vaginal inexplicable

Queremos destacar que hablamos de efectos graves que, en cualquier otro paciente, generarían una importante preocupación clínica, mientras que en este contexto se presentan de forma normalizada.

La cuestión, por tanto, no es que la información sobre riesgos esté ausente, sino la relevancia y el lugar que ocupan los objetivos del tratamiento, y los efectos adversos dentro del conjunto del documento.

Conclusión: cuando la ideología suplanta al criterio médico

No se discute el respeto debido a una persona que se autodiagnostica como trans, como corresponde con cualquier paciente, sino el riesgo de sentar un precedente de excepcionalismo al otorgarle una importancia desmedida.

Mediante este análisis denunciamos que con estas recomendaciones el SERGAS pida a sus profesionales que renuncien a su criterio clínico, sustituyendo la evidencia científica por consignas y convirtiendo el sistema sanitario en un instrumento de validación ideológica.

Esta guía junto con la apertura de servicios quirúrgicos de los mal llamados “cambios de sexo” no son hechos aislados: forman parte de una misma lógica. Una lógica que habla de prudencia mientras realizar prácticas irreversibles, que predica el “primum non nocere” mientras normaliza procedimientos con consecuencias graves y permanentes para la salud.

Reivindicamos que la sanidad pública debe proteger especialmente a los más vulnerables. Y eso empieza por no confundir compasión con complacencia, ni derechos con dogmas.


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